
Choquequirao, la alternativa a Machu Picchu
¿Y si en Perú buscas algo diferente a Machu Picchu? Te cuento mi experiencia recorriendo durante tres días la ruta hasta Choquequirao, un enorme complejo arqueológico escondido entre las montañas y todavía alejado del turismo de masas.
Por Lau5 min de lecturaHay lugares a los que llegas y piensas que son impresionantes, como Machu Picchu.
Y luego están aquellos a los que llegas después de varios días de camino, cansado, con las piernas pesadas y preguntándote en algún momento de la ruta por qué decidiste meterte en aquello… pero que, cuando finalmente aparecen ante ti, hacen que todo haya merecido la pena.
Para mí, Choquequirao es uno de esos lugares.
Cuando hablamos de Perú, casi siempre pensamos en Machu Picchu. Y es normal. Es uno de esos lugares que hay que ver al menos una vez en la vida y que, además, tiene algo difícil de explicar cuando lo contemplas por primera vez.
Pero Perú tiene mucho más.
Y entre montañas, valles y antiguos caminos incas existe otro lugar que, a pesar de ser enorme y espectacular, sigue recibiendo una fracción minúscula de los visitantes que recibe Machu Picchu: Choquequirao.
Y quizá precisamente ahí está su magia.
Llegar a Choquequirao forma parte de la experiencia
No voy a engañarte: llegar hasta Choquequirao no es algo para todos.
La ruta implica caminar durante varios días por un valle, con desniveles importantes y un terreno que puede resultar exigente.
Yo salí desde Capuliyoc, que es lo más común, y personalmente hice la ruta en 3 días, durmiendo el primer día en Marampata, el segundo en Santa Rosa Baja y regresando a Capuliyoc el tercero.
Lo habitual es plantearla en 4 o 5 días, permitiendo disfrutar del camino con más calma.
No hay mucha oferta de alojamientos, ya que prácticamente podríamos decir que son casas aisladas en aldeas donde te ofrecen refugio, o campings, pero hay opciones suficientes como para abordar la ruta en 4-5 días sin problema.
Porque aquí el camino no es simplemente el trámite que tienes que superar para llegar al monumento.
El camino es parte del viaje. El camino es algo que ya de por sí merece la pena.
Durante la ruta vas atravesando paisajes diferentes entre sí: primero ese descenso vertiginoso hacia el valle y, después, volviendo a ganar altura de manera inmediata. Y sí, hablamos de unos 1.500 metros de desnivel, siempre rodeado de montañas.
Hay momentos en los que no hay nadie más que tú, y solo escuchas tus propios pasos o los de las mulas que suben o bajan con carga a los pocos “refugios” que hay.
Mi pensamiento más recurrente en la ruta era:
¿Cómo puede existir un lugar así y que tan poca gente haya llegado hasta aquí?
Y entonces, después de 2-3 días, aparece Choquequirao
Después de días caminando, llegas.
Y cuesta asimilar lo que tienes delante.
Choquequirao no es un pequeño conjunto de ruinas escondido en la montaña. Es un complejo arqueológico enorme, construido en un entorno espectacular y distribuido por diferentes sectores de la montaña.
De hecho, una de las cosas que más me sorprendió fue precisamente su tamaño.
Y no hablo de la ciudadela en sí, porque es mucho más: se divide por sectores y hay 9 diferentes.
Podrías pasar prácticamente dos días recorriéndolo y todavía sentir que te quedan rincones por descubrir.
Hay plazas, terrazas, construcciones, caminos y diferentes espacios que permiten hacerse una idea de la dimensión que llegó a tener este lugar durante el periodo inca.
Pero hay algo que hace que la experiencia sea completamente diferente a la de otros grandes sitios arqueológicos de Perú.
No hay nadie
O, mejor dicho, hay muy poca gente.
Y para mí, esto es lo que convierte Choquequirao en algo mágico.
Imagina estar delante de unas impresionantes construcciones incas, rodeado de montañas, sin escuchar el ruido de grandes grupos de turistas.
Sin tener que esperar para hacer una fotografía.
Sin tener que avanzar porque detrás de ti hay una fila de personas.
Simplemente tú, las montañas y las ruinas.
Silencio.
Es difícil explicar esa sensación hasta que la vives.
Y creo que precisamente por eso Choquequirao deja una huella diferente.
¿Es mejor Choquequirao que Machu Picchu?
No.
Y tampoco creo que tenga sentido hacerse esa pregunta.
Machu Picchu y Choquequirao son experiencias completamente diferentes.
Machu Picchu es uno de los grandes iconos del mundo. Su ubicación, su historia y la propia imagen de la ciudad inca entre las montañas hacen que sea un lugar imprescindible.
Choquequirao, en cambio, es más remoto, más exigente y mucho menos concurrido.
Si Machu Picchu es un lugar que puedes visitar dentro de una ruta por Perú, Choquequirao requiere que el viaje gire en parte alrededor de él.
Y ahí está la diferencia.
No elegiría Choquequirao simplemente porque quieres sustituir Machu Picchu por otro sitio.
Lo elegiría si disfrutas del camino, si te gusta caminar por la montaña, si buscas aventura y si te atrae la idea de descubrir un lugar mucho menos visitado.
Mi recuerdo de Choquequirao
Cuando pienso ahora en aquella ruta, no recuerdo únicamente las ruinas.
Recuerdo el camino.
Recuerdo el cansancio y la exigencia.
Recuerdo las montañas, esos picos, el río.
Recuerdo la experiencia en los alojamientos.
Recuerdo llegar y poder mirar alrededor sin encontrarme con una multitud.
Creo que para mí, descubrimiento es la palabra que mejor define mi experiencia allí.
Porque aunque Choquequirao no sea un lugar desconocido para los viajeros que preparan una ruta de aventura por Perú, todavía conserva algo que cada vez resulta más difícil encontrar en los grandes destinos turísticos:
la sensación de haber llegado a un lugar que todavía no pertenece al turismo de masas.
Y eso, para mí, fue parte de la magia.
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